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UNO DE LOS MEJORES ENSAYOS DE 2025 SEGÚN EL DIARIO EL MUNDO.
Un ensayo agudo e imprescindible para comprender los dilemas y desafíos que enfrentan la política y la cultura del último lustro.
«Ágil, contundente y culto, El rugido de nuestro tiempo puede ser leído como una muestra de las principales discrepancias recientes del liberalismo tanto con el progresismo como con el conservadurismo».La Lectura, El Mundo
«El rugido de nuestro tiempo es a veces decolonialista y a veces panhispanista, pasa del insulto al lamento y de la santimonia al chasquido de la motosierra. En cualquier caso, se manifieste como se manifieste, hay que prestarle atención porque es una pista para entender las ideas y los valores que están moldeando el presente de nuestras sociedades. Esta labor, la de comprender y analizar el presente, la inicié hace seis años con Salvajes de una nueva época, y continúa con este ensayo. Seguirá en el futuro, ojalá con menos rugidos y menos salvajes, con menos desórdenes y extravagancias de los cuales dar noticia».
Perdido el horizonte común que llamábamos realidad, surgen en el mundo contemporáneo nuevos desafíos y malestares. Los líderes políticos, que deberían ser agentes racionales y ejercer la responsabilidad pública, se han convertido en alborotadores que trafican con las bajas pasiones. Mientras tanto, los artistas se pliegan a las buenas causas y sacrifican la libertad y la transgresión para encajar con las demandas morales del presente. Atrincherados en versiones cada vez más desfiguradas de la realidad, los políticos emprenden batallas culturales que fidelizan a sus seguidores, blindándolos contra toda crítica.
En América Latina una nueva camada de líderes mesiánicos quiere cambiar la historia de sus países o regresar a edades de oro perdidas. En España se encienden el debate decolonial y las nostalgias panhispanistas y, mientras unos sueñan con una América solitaria, protegida de la modernidad occidental, otros añoran una unión civilizatoria entre las dos orillas del Atlántico que se emancipe del Occidente globalista. En este desorden ideológico y geopolítico, ya no sabemos cuál es el lugar de los países hispanos en el mundo. Oímos rugidos, vemos